El Gobierno impidió que la fragata actuara después de pagar el rescate

Los sofisticados sistemas de control marítimo, terrestre y aéreo con los que está equipada la fragata «Méndez Núñez» vigilaron en tiempo real cada uno de los movimientos que los piratas, ya con el botín en las manos, realizaron durante su fuga en varias zodics después de poner en libertad a los pescadores del «Playa de Bakio». La fragata, con un alcance de radar de 600 kilómetros, no intervino -pese a tener previsto un operativo de captura y estar a muy poca distancia del atunero- por «orden expresa» del Gobierno, que ni siquiera dio luz verde para actuar contra los malhechores una vez desaparecido el riesgo para la vida de los pescadores.

Pero la fragata no sólo controló el rumbo de fuga. Durante su estancia en el Cuerno de África, vigiló al detalle lo que sucedía en el atunero. De esta forma, advirtió cómo horas antes de la liberación de los marineros una embarcación se aproximó al «Playa de Bakio» para hacer entrega, en bolsas, de parte del rescate. En ese momento, la zona era sobrevolada por el P-3 Orion, avión de utilización naval con misiones de apoyo para profundizar en tierra adentro.
De los últimos actos de piratería registrados en aguas somalíes, el del atunero español es el único que «se resuelve» sin intervención militar. Es decir, es el único de los registrados en fechas recientes en el que se permite a los delincuentes huir con el botín ante los ojos de un buque militar, que en el caso del «Méndez Núñez» dispone del sistema de combate más avanzado y con una alta tecnología que en el mundo, además de España, sólo la tiene la Marina de Estados Unidos. En los secuestros anteriores, el de un yate francés y un petrolero de Dubai, intervino, en el primer caso, el ejército galo, y en el segundo, el somalí. En el del atunero español, a la fragata «sólo la dejaron ser testigo».
La forma elegida por Zapatero -la «vía diplomática» que, de momento, se ha traducido en aceptar el chantaje con la entrega a los delincuentes del dinero que habían exigido- ha causado gran desconcierto -algunos lo califican de profundo malestar- entre sectores de las Fuerzas Armadas, que no logran entender el motivo por el que el Gobierno no permitió a la fragata intervenir para impedir la comisión de un delito. Consideran que la decisión del Ejecutivo supone un serio revés para el prestigio internacional de las Fuerzas Armadas e incluso precisan que colegas europeos les han transmitido su extrañeza por el hecho de no haber intervenido contra los secuestradores somalíes, que durante seis días dieron un trato vejatario a la tripulación del atunero. «Creímos que nos matarían», dijo el patrón.
El ejemplo de Francia
Las fuentes consultadas valoran el hecho de que el Gobierno haya puesto todos los medios para que no hubiera ninguna baja, pero critican con dureza el que se dejara huir a los criminales. Consideran que la tripulación de la «Méndez Núñez» tiene preparación para afrontar situaciones de alto riesgo y destacan, en este sentido, que la fragata, antes de trasladarse a Somalia, participaba en una agrupación OTAN contra terrorista en el Índico.
Los mismos medios estiman que como alternativa a un intervención directa -posibilidad que el Gobierno sólo se planteó para una situación extrema- se podía haber realizada una operación similar a la llevada a cabo por Francia en el secuestro del yate «Le Ponant», cometido el pasado 4 de abril en el Cuerno de África. Y más cuando se daba por seguro que las autoridades somalíes no iban a poner ningún impedimento a una intervención militar española, al igual que ha ocurrido con otros países.
Las fuentes consultadas aseguran que hubiera sido perfectamente viable acometer una operación similar a la de Francia. En ella, tras realizarse el pago del rescate, el Ejército galo desplegado en la zona no perdió de vista a los secuestradores del yate «Le Ponant», hasta proceder a su captura cuando ya se encontraban en tierra firme. Tras ser arrestados, los malhechores fueron conducidos a un portaaviones que los trasladó a Francia. Con esta actuación, según los medios informantes, Francia no sólo impidió engordar las arcas de una organización criminal, sino que permitió a su Armada estar a las alturas de las circunstancias frente a la comisión de un delito de los que eran víctimas unos compatriotas. Sin embargo, el Gobierno de Zapatero optó por no actuar pese a que los sistemas de control y vigilancia de la fragata y la preparación de sus militares eran garantías más que suficientes para realizar una intervención con éxito.
A juicio de las fuentes consultadas, el dinero que se entregó a los piratas en el barco no fue la totalidad del rescate exigido. Por ello, consideran que cada vez cobra más fuerza la posibilidad de que en la operación interviniera un grupo de abogados londinenses que ya han intervenido en casos anteriores de piratería.
De la Vega, satisfecha
Mientras que los delincuentes disfrutan del botín y sectores de las Fuerzas Armadas critican que a los militares españoles sólo se les permitiera actuar como testigos de un delito, Teresa Fernández de la Vega afirmó ayer que el Ejecutivo «ha hecho todo lo que debía de hacer y nada de lo que no debía hacer» y evitó hablar del pago del rescate.

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