Incesto consentido

 

Mi historia comienza cuando tenía 13 años. Por asuntos de negocios, mis tíos tenían que viajar durante una larga temporada y al ser su hijo tan joven, por aquel entonces tenía 16 años, decidieron dejarlo en mi casa los meses que duraría el viaje.
Yo mantenía una buena relación con él, siempre había sido mi modelo a seguir, guapo, inteligente y algo rebelde, era el sueño de cualquier niña de mi edad, tener a alguien así cerca.
En casa no teníamos habitaciones de sobra y como yo era hija única, sólo había una cama donde él podría dormir, en la mía. Y así fue, las primeras semanas, todo era muy normal, el se comportaba como si fuera mi hermano mayor, cosa que me hacia muy feliz, ya que como he dicho, soy hija única.
Pero con el tiempo algo empezaba a cambiar, notaba algo diferente en su forma de mirarme, de hablarme, siendo tan pequeña e inocente, no podía darme cuenta de lo que estaba pasando por su mente.
Un viernes por la noche, cuando él llegó de fiesta, olía a cerveza, mis padres le riñeron considerablemente y lo mandaron a dormir, yo me había despertado por la discusión pero me hice la dormida cuando él entró en mi habitación.
Pude escuchar como se desnudaba y se ponía el pijama, con suavidad se metió en la cama y se durmió, o eso pensaba yo. Cuando el sueño empezaba a hacer mella en mí, algo me sobresaltó. Sentía su mano coger con fuerza uno de mis muslos.
Sentí miedo pues no sabía que estaba sucediendo, permanecí inmóvil, quería decirle algo, pero no podía. Su mano se deslizó por debajo de mi camisón hasta llegar a mis braguitas. Quería llorar y chillar pero no podía. El olor a cerveza que su boca desprendía inundaba toda la habitación.
Cuando su mano trató de meterse por debajo de mis braguitas, me di la vuelta simulando que estaba dormida, él cesó en su intento de tocarme por aquella noche.
Al día siguiente, yo me sentía realmente mal, estaba triste y nerviosa, cualquier ruido me hacia saltar de la silla y el hecho de evitar que mis padres se dieran cuenta de mi estado, me alteraba más aún.
Durante todo el día rezaba que no llegara nunca la noche, por si volvía a repetirse, por suerte durante una semana no fue así. Pero yo no hacía más que pensar, porque mi primo, esa persona a la que tanto quería y admiraba, me había hecho sentir tan mal.
Cuando ya creí haber olvidado lo ocurrido, volvió a las andadas, fue un sábado por la tarde, mis padres, salieron de compras y como yo tenía muchos deberes pendientes, me dejaron a cargo de mi primo, durante un par de horas.
En el momento en que salieron por la puerta, yo sabía que algo malo iba a pasar. Mi primo se acercó despacio a mí y mirándome fijamente me propuso jugar a un juego nuevo.
Yo sentía miedo pero me convenció con sus dulces palabras, jugaríamos a la Bella Durmiente. Me encantaba ser princesa y disfrazarme, fue con eso con lo que me convenció.
Con ilusión me puse mi disfraz de princesa y me tumbé en la cama, esperando ansiosa el beso que me despertaría de mi sueño eterno, pero no fue eso lo que ocurrió.
Mi primo sin pensarlo, se echó encima de mí, aplastándome con su peso. Me tapó la boca y me dijo que las princesas nunca tenían miedo, que no chillara o no me dejaría jugar más.
Una de sus manos levantó mi vestido y acarició con fuerza mis piernas, separándolas bruscamente, yo empecé a llorar en silencio. Pronto me quitó las braguitas y mientras besaba mi cuello con ansía, acariciaba mis piernas y mi pubis desnudo.
Sentía una terrible vergüenza y una sensación muy desagradable en el estómago, hacía que no pudiera dejar de llorar.
Por suerte para mí, mis padres llamaron avisando de que llegaban antes, él me vistió apresuradamente y me hizo prometerle que jamás hablaría de lo que había pasado.
Yo tenía tanto miedo que aunque quisiera, no hubiera podido contarlo, sentía vergüenza por mí, por él, por mis padres, por todo…
Pasaron los días y yo trataba de evitarle en todo momento, lo peor era cuando llegaba la noche y me sentía totalmente desprotegida y a su merced.
Por fin llegó el día en que, él volvía con sus padres, por fin podría sentirme segura de nuevo. Durante mucho tiempo no hice más que darle vueltas a todo lo sucedido, creo que con lo que sucedió maduré mucho antes de lo normal.
Después de unos meses en los que no supe nada de él, extrañamente empecé a echarle de menos, no podía entender porque le extrañaba tanto, si me hizo sentir tan mal.
Un día sin más no pude esperar y lo llamé invitándole a mi fiesta de los 14 años, él me prometió venir y así fue. Durante la fiesta ambos nos mirábamos sin parar. Me sentía extraña, por un lado quería golpearle, por lo que me hizo y por otro algo dentro de mí, deseaba que se volviera a repetir.
En medio de todo el jaleo propio de la fiesta, tomé su mano y a escondidas lo lleve hasta mi habitación, una vez allí no pude resistirme y le besé en los labios, el no parecía sorprendido, me abrazó por la cintura y me tiró en la cama.
Me besaba mientras no dejaba de repetirme lo mucho que me deseaba, sus manos desnudaron mi cuerpo con prisa y yo el suyo, por momentos no podía creer lo que estaba haciendo, no entendía porque me sentía tan atraída por lo que estábamos haciendo.
A pesar de ser una niña inocente, no era ni mucho menos tonta y sabía muy bien lo que ocurría entre los hombres y las mujeres. Nos metimos bajo las sabanas, ambos desnudos y comenzamos a acariciarnos. Él tocaba mi pecho con suavidad y yo besaba su barbilla con mucha vergüenza.
Ese día hicimos el amor, si se lo que estarán pensando ahora, pero no es nada nuevo dejar de ser virgen a esas edades.
Recuerdo que, el también tenía miedo, no quería hacerme daño y todo lo hizo muy despacio y suave, supongo que ambos nos dejamos llevar por la curiosidad.
Se puso encima de mí y con mucho cuidado se introdujo dentro de mí, recuerdo que me dolió mucho, al menos al principio, pero poco a poco el dolor dejo paso a un dulce placer.
A pesar de tener tan sólo 14 años, sabía muy bien como había llegado hasta ese extremo y sabía que, aunque no lo entendía, deseaba que eso estuviera ocurriendo.
Sus manos no dejaron de acariciarme en todo momento, nos besamos miles de veces, yo le abrazaba mientras él seguía encima de mí, haciéndome el amor.
Todo acabó muy rápido, éramos jóvenes e inexpertos, después de aquello, volvimos a encontrarnos unas cuantas veces más. Hasta que con los años me di cuenta de que eso no estaba bien y dejamos de vernos.
Ahora que pienso en todo aquello, siento vergüenza de mí misma y aunque quiera, sé que jamás olvidaré esa etapa de mi vida.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: