La Policía de Irán, lista para amputar las manos a los ladrones

noviembre 11, 2009

iran.amputacion

El jefe de la policía criminal dice la blandura hace crecer los delitos

Los ayatolás argumentan que las sentencias forman parte de la sharia

La Policía de Irán ha afirmado que está lista para aplicar castigos de la ley islámica, tales como la amputación de manos, debido a que la falta de ejecución de estas penas ha llevado a un aumento de los delitos. Bajo la ley islámica de Irán, quienes cometan delitos de manera reiterada se enfrentan a la amputación de sus dedos por robo, pero las sentencias rara vez son ejecutadas, especialmente en público. Asghar Jafari, jefe de la policía criminal iraní, entrevistado por el diario Ebtekar, explica la medida: ‹ “El no ejecutar los castigos de la ley islámica, particularmente su parte más importante como es la amputación de manos, ha propagado la inseguridad en Irán”. › ‹ “La policía está lista para ejecutar la amputación de manos de criminales convictos”. › Tanto las Naciones Unidas y como activistas de Derechos Humanos han criticado a Irán en el pasado por realizar estas prácticas. Pero el Gobierno de Irán ha rebatido las críticas y ha argumentado que las sentencias forman parte de la sharia, la ley islámica

(FUENTE:Periodista Digital)

Los amores «satánicos» de Salman Rushdie

abril 27, 2008

Tras su millonario divorcio, el escritor se rodea de modelos y actrices con ansias de fama

La última conquista de Rushdie es la actriz Olivia Wilde, de la serie «House», con quien acudió en Washington a una cena de corresponsales

Ser uno de los referentes literarios del momento, aupado a los altares mediáticos tras la condena a muerte con la que el ayatolah Jomeini le persiguió por la publicación de sus «Versos satánicos», no ha impedido a Salman Rushdie llevar una vida amorosa fructífera.

Su fama de gigoló, consumada entre fiestas de la jet-set en el corazón de Londres (donde vive) y conquistas televisivas, le ha traido sin embargo más de un quebradero de cabeza. Su última pareja, la modelo India Padma Lakshmi, de 36 años (24 más joven que él), decidió poner hace unos meses punto y final a su matrimonio alegando un «cansancio continuo de una relación estancada». De hecho, la petición de divorcio le sobrevino a Rushdie sólo tres semanas después de haber recibido el título de «Sir» por su contribución a la literatura.
Pero este nuevo revés matrimonial (el cuarto que sufre) afectó a su autoestima. Tras salir del letargo, Rushdie volvió a frecuentar los salones neoyorquinos y las fiestas de la clase alta londinense. En una ocasión llegó a escribir una columna en la revista «Esquire» donde se quejaba de las críticas recibidas por acudir a estos «divertimentos». «Como si el placer tuviera algo de malo. Como si los escritores que ocasionalmente lo pasan bien fueran sospechosos», afirmó. Pero si algo ha demostrado este novelista perseguido ha sido saber ahogar sus penas sin pasar por el purgatorio del sufrimiento. No en vano, Padma era su cuarta esposa. Antes contrajo matrimonio con Clarissa Luard, con quien tuvo un hijo. Esta relación fracasó al poco tiempo, cuando Rushdie conoció a quien sería su segunda esposa, Mariane Wiggins, una relación efímera saldada con una cifra de seis dígitos y un divorcio express.

Pluma ácida
Curiosamente, a los pocos meses Rushdie la escribió lamentándose de que el Gobierno británico le hubiera declarado en bancarrota. Su pluma ácida se tomaba su particular venganza. Sin embargo, su corazón curioso siguió dejándose conquistar y así sucumbió en 1990 a los encantos de Elizabeth West, su penúltima mujer, con la que tuvo su segundo varón.
De su última separación no se han conocido cifras, pero no parece que entre en la lista de los divorcios más millonarios de la historia. A pesar de estos reveses amorosos, Rusdhie no se da por vencido y recientemente se le ha visto acompañado de bellas jóvenes, como la atleta paralímpica Aimee Mullins o la actriz Olivia Wilde, conocida por su papel de doctora «número 13» en la célebre serie «House». Es el tipo de vida favorito de este «bon-vivant» de 70 años que defendió una vez a Scott Fitgerald «por escribir la mejor novela norteamericana. Y no lo hizo emborrachándose en las fiestas, sino porque era un genio». Rushdie encontró entonces en él a su verdadero modelo.


Miedo a la democracia

abril 16, 2008


Occidente permanece ocioso mientras sus cimientos son hechos pedazos. El pasado viernes, el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas asestaba un golpe mortal a la libertad de expresión. En una votación 32 a 0, el Consejo ordenaba a su “experto en libertad de expresión” que informase al Consejo de todos los casos en los que los individuos “abusan” de su derecho a la libertad de expresión realizando expresiones de prejuicios religiosos o raciales.

La medida fue propuesta por los abanderados de la libertad que son Egipto y Pakistán. Fue apoyada por todos los países árabes musulmanes y africanos, ejemplos ellos de libertad. Los estados europeos se abstuvieron.

Estados Unidos, que no es miembro del Consejos de Derechos Humanos, intentaba contrarrestar la medida. En un discurso ante el Consejo, el embajador norteamericano ante la ONU en Ginebra, Warren Tichenor, advertía que el propósito de la resolución es socavar la libertad de expresión, porque “impone restricciones a los individuos en lugar de enfatizar el deber y la responsabilidad de los gobiernos de garantizar, respaldar, promover y proteger los derechos humanos”.

Al pretender criminalizar el libre discurso, la resolución viola abiertamente la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas. El Artículo 19 de este documento afirma explícitamente: “Todo el mundo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye la libertad a ostentar opiniones sin interferencia y buscar, recibir y trasladar información e ideas a través de cualquier canal y al margen de las fronteras”.

La decisión de los europeos de abstenerse en lugar de oponerse a la medida parece, a primera vista, bastante sorprendente. Teniendo en cuenta que los estados miembros de la Unión Europea se encuentran entre los defensores más enfáticos de Naciones Unidas, habría sido normal en su caso haberse opuesto a una resolución que socava el documento fundacional de Naciones Unidas, y en la práctica, uno de los pilares más básicos de la civilización occidental.

Pero una vez más, tal tener en cuenta las posturas de la Unión Europea en los últimos años en contra de la libertad de expresión, en realidad no hay nada de lo que sorprenderse. La cesión actual por parte de la Unión Europea a la baja calaña intelectual se encuentra por supuesto en su respuesta a la difusión en Internet de la película del parlamentario holandés Geert Wilders, Fitna.

La Unión Europea ha llegado a extremos insospechados para atacar a Wilders por atreverse a ejercer su derecho a la libertad de expresión. La Presidencia de la Unión difundía una declaración de condena a la película por “alimentar el odio”. El Primer Ministro holandés Jan Peter Balkenende difundía circulares que afirman que la película “no sirve a otro propósito que ofender”.

También entonces, el secretario general de Naciones Unidas Ban Ki-moon atacaba a la película por “ofensivamente anti islámica”.

Estas declaraciones acompañan a la pretensión de la Unión Europea de restringir la libertad de expresión tras la publicación en el 2005 de las viñetas de Mahoma en el periódico de Dinamarca Jyllands Posten. También encajan en el contexto de la censura sistemática a los intelectuales anti-jihadistas por todo el continente. Estos intelectuales, como Peter Redeker en Francia o Paul Cliteur en Holanda, son amenazados para ser silenciados por jihadistas europeos. Y los gobiernos de Europa o bien no hacen nada por defender a los pensadores amenazados, o justifican a los chantajistas intelectuales simpatizando con sus enfados.

Es axiomático que la libertad de expresión es el pilar fundamental de la libertad humana y el progreso. Cuando a la gente no se le permite expresarse con libertad, no puede tener lugar ningún debate ni investigación. Se debe exclusivamente a la libertad de debate e investigación que la humanidad haya progresado desde la Edad Media hasta la Era Digital. Este es el motivo de que el primer acto de cualquier futuro tirano consista en hacerse con el control del mercado de ideas.

Pero hoy, las naciones de Europa y en la práctica de gran parte del mundo occidental, o bien permanecen de brazos cruzados y no hacen nada por defender esa libertad, o colaboran con esos estados islámicos que no son libres y que con frecuencia son tiránicos y con los terroristas, censurando el debate y acallando a la disidencia.

Existen dos motivos de que éste sea el caso.

En primer lugar, la izquierda política, que controla sin rival la burocracia de la Unión Europea así como la mayor parte de los centros intelectuales del mundo libre, ha demostrado a través de sus acciones que no guarda ningún compromiso real con los valores democráticos. En lugar de apoyar los valores democráticos, la izquierda adopta cada vez más la palabrería de la democracia de manera cínica, con el objetivo de socavar el libre discurso en la esfera pública en nombre de “la democracia”.

Escribiendo acerca del enfado izquierdista contra la película de Wilders en Europa, Henryk Broder, de Der Speigel, observaba que casi sin excepción, los medios europeos han condenado a Wilders como “populista de derechas”. Como observa Broder, a primera vista esta afirmación es absurda, dado que Wilders es un progresista radical.

En Fitna, el expresivo legislador demuestra cómo son utilizados los versos del Corán por parte de los jihadistas para justificar los actos más repugnantes de asesinato en masa y odio. Su película superpone versos del Corán que instan al asesinato de los no musulmanes con escenas reales de carnicerías jihadistas. También superpone versos del Corán que fomentan el odio contra los judíos con grabaciones de clérigos islámicos que repiten los versos, y con una niña de 3 años diciendo haber aprendido que los judíos son una mezcla de cerdos y monos en sus clases del Corán. Fitna cierra con un desafío a los musulmanes a purgar estos criminales y odiosos pilares religiosos de su sistema de creencias.

Aunque discutible, pero no necesariamente, incendiaria, la película de Wilders sirve de invitación a Europa y al mundo islámico para celebrar un debate abierto. Su película desafía a la audiencia — tanto a musulmanes como a no musulmanes — a pensar y debatir si el islam respeta o no las nociones de libertad humana, y qué se puede hacer para impedir que los jihadistas exploten el Corán para justificar sus actos de asesinato, tiranía y odio.

Como observa Broder, al declarar a Wilders “populista de derechas”, la izquierda pretende censurarle tanto a él como a su llamamiento al debate público. El mensaje subyacente de colocarle el sambenito es que Wilders se encuentra de alguna manera al margen de la catadura de la compañía civilizada, y por tanto su mensaje debe ser ignorado por toda la gente en sus cabales. Si usted no quiere verse aislado intelectualmente y condenado al ostracismo social como Wilders, entonces no debe ver su película bajo ningún concepto ni tomarla en serio. Hacerlo sería un acto de “populismo de derechas” – y todo el mundo sabe lo que significa eso.

Al igual que todos los movimientos antidemocráticos, la izquierda política de hoy en día pretende silenciar el debate y de esa manera socavar la democracia, primero, demonizando a cualquiera que no esté de acuerdo con ella, y a continuación aprobando leyes que criminalizan la expresión o que ponen límites al derecho de la gente a decidir cómo quiere vivir.

En la Unión Europea, el Tratado de Lisboa regurgitó en la práctica la Constitución que fue rechazada por los electores de Francia y Holanda y que estaba destinada a ser rechazada por los británicos, en virtud del tecnicismo burocrático. En Gran Bretaña, el Parlamento ha Laborado durante años por aprobar una ley que criminaliza insultar el islam. También entonces, una de las primeras acciones que tomó el gobierno Brown tras tomar posesión el pasado verano fue prohibir a sus miembros hablar de “terrorismo islámico”.

Al igual que en Europa, también en Israel la izquierda llega a extremos insospechados por socavar la democracia en nombre de la democracia.

Simplemente en un ejemplo reciente, esta semana el profesor izquierdista de Derecho Mordechai Kremnitzer advertiría al Parlamento de no aprobar ninguna ley que permita someter a referéndum cualquier futura partición de Jerusalén o rendición de los Altos del Golán. En opinión de Kremnitzer, “Si el veredicto de un referéndum está determinado por una mayoría pequeña que incluye electores árabes, entonces un sector determinado cuya opinión no fue aceptada es probable que intente rechazar la legitimidad del referéndum y pueda rechazarlo con violencia”.

Este “sector determinado” al que se refiere Kremnitzer, por supuesto, son los judíos, que se oponen a la partición de Jerusalén y la rendición de los Altos del Golán por mayoría aplastante.

El argumento de Kremnitzer es tan ridículo como interesado. Es ridículo porque sabe que en el 2004, los miembros del Likud celebraron un referéndum sobre la retirada proyectada de Gaza y el norte de Samaria por parte del gobierno. El entonces primer ministro Ariel Sharon prometía respetar los resultados de la votación de su partido. Pero cuando el 65% de los miembros del Likud rechazaba su plan, él los ignoró. Y la reacción del público, aunque contundente, fue completamente pacífica.

La única fuerza que utilizó de manera constante la fuerza y la intimidación en los días previos a la retirada de Gaza y el norte de Samaria fue el gobierno. Desplegó a decenas de miles de policías para irrumpir en las protestas e impedir a los manifestantes viajar a las manifestaciones convocadas legalmente, y durante meses encarceló a manifestantes sin juicios. En sus acciones obviamente antidemocráticas y legalmente dudosas, el gobierno fue escrupulosamente defendido por Kremnitzer y sus colegas, que o bien no hicieron nada mientras las libertades civiles de los manifestantes eran pisoteadas, o defendieron con entusiasmo el abandono de los valores democráticos por parte del gobierno declarando “antidemocráticos” a los manifestantes.

En la práctica, en su testimonio del miércoles, Kremnitzer reproducía al pie de la letra ese argumento afirmando que los referéndums “son una receta para perjudicar la democracia”.

Al margen de ser teórica y factualmente erróneo, el argumento de Kremnitzer — al igual que los argumentos de la burocracia de la Unión Europea, que marginó a la ciudadanía europea aprobando el Tratado de Lisboa — es interesado de manera patente. Al igual que sus colegas de la Unión Europea, es completamente consciente de que su apoyo a una rendición israelí de Jerusalén y los Altos del Golán constituye una opinión marginal. De manera que su preocupación real no es la salud de la democracia israelí, sino el poder de la izquierda política para determinar la política en contra de los intereses y los deseos de la opinión pública.

El segundo motivo de que la izquierda consienta la censura de la expresión es que sus miembros están exactamente igual de preocupados por la amenaza de la supremacía islámica como sus detractores políticos, pero al contrario que sus detractores, la izquierda es demasiado cobarde para hacer algo. La idea quedaba en evidencia, también, tras la difusión de la película de Wilders.

Esta semana, una delegación de líderes religiosos cristianos y musulmanes holandeses viajaba a El Cairo para hablar con líderes islámicos religiosos. Hablando en Radio Netherlands, Bas Plaisier, que encabeza la iglesia protestante holandesa, afirmaba que la misión de la delegación es “limitar las posibles consecuencias” de la película de Wilders. Las consecuencias a las que se refiere, por supuesto, son la perspectiva de disturbios musulmanes violentos y ataques contra los cristianos y los holandeses en todo el mundo.

Radio Netherlands informaba de que Plaisier “ha estado recibiendo informes preocupantes procedentes de ciudadanos holandeses por todo el mundo, incluyendo algunos temerosos de las repercusiones entre los cristianos de Sudán, Oriente Medio e Indonesia”.

De manera que el verdadero motivo de que la iglesia protestante holandesa condene la película no es que crea que Wilders se equivoca, porque sus líderes están seguros de que Wilders acierta de lleno. Es simplemente que al contrario que Wilders, que ha puesto en peligro su vida para expresar su opinión, la iglesia protestante holandesa es demasiado cobarde para defenderse, y por eso ellos viajan a El Cairo a rendir pleitesía a los líderes religiosos que a diario supervisan los sermones de odio y supremacía islámica en las mezquitas egipcias. Siguen rindiendo pleitesía a aquellos que han institucionalizado la persecución religiosa de su minoría cristiana Copta por parte de Egipto y su censura a los críticos liberales del régimen de Mubarak y la Hermandad Musulmana.

Y ese es el motivo final. Al zanjar el debate por las buenas – a fuerza de difamar a sus detractores no-izquierdistas y por miedo a los jihadistas y los regímenes que les promueven — Occidente en conjunto socava no solamente sus propios valores y creencias fundacionales. También socava a los no jihadistas del mundo islámico, que si alguna vez tuvieran oportunidad, trabajarían para promover una forma de islam que no responda al desafío con violencia sino en su lugar con el discurso de la razón y el respeto mutuo a las diferencias de opinión.


No se ven, pero están ahí

abril 15, 2008

La Sra. Smith, ministra de Interior británica, ha hecho unas declaraciones tan claras como angustiosas: en estos momentos hay unas 200 redes terroristas trabajando en ese país y, que ellos sepan, 30 atentados en marcha. La información no es casual. Se está debatiendo una nueva ley antiterrorista y el gobierno laborista de Brown pide al Parlamento que se amplíe de 28 a 42 días el tiempo de detención sin cargos de cualquier sospechoso.

Blair luchó con denuedo para facilitar el trabajo de la policía, pero con un coste político muy alto. Brown va por el mismo camino. Cuando la izquierda británica, como la europea, ha entrado en el camino del «buenismo» y la comprensión de los islamistas resulta difícil que los diputados laboristas se suiciden políticamente avanzando en sentido contrario.

Bush declaró que Estados Unidos estaba en guerra contra el islamismo. Los europeos rechazaron mayoritariamente tal afirmación, limitando la amenaza a un problema de seguridad interior. No había guerra, en todo caso conflicto. Para nuestros socialistas ni eso. Los atentados islamistas, como explicaron a un alto funcionario norteamericano de paso por Madrid, son realidades incómodas con las que tenemos que aprender a vivir, pero sin darle mayor importancia.

La dimensión que están tomando las redes islamistas, sumado a su carácter global, hace difícil su catalogación como mero problema de seguridad interior. Es mucho más y, sobre todo, será mucho más en las próximas décadas porque tanto la situación en los estados árabes como entre las comunidades musulmanas en Occidente va a empeorar. La economía apunta un período de crisis seria, el desempleo aumentará y la presión migratoria desde los países musulmanes crecerá. Estas circunstancias alimentarán el radicalismo.

Si la sociedad no percibe la gravedad de la amenaza no aceptará la necesidad de aplicar las medidas apropiadas para combatirla y los atentados llegarán. Los laboristas sufren la contradicción de años de discurso comprensivo y la responsabilidad de preservar la seguridad nacional. El primer reto es hablar claro a la gente.


Futuro de Europa. Libertad o servidumbre

abril 3, 2008

Europa es un continente con problemas de fondo económicos, estratégicos, diplomáticos y demográficos. A lo largo del siglo que entra, todos ellos tienen todo el aspecto de ir agravándose. Y bajo todos ellos subyace un problema común, que es el que los alimenta e impulsa hacia abajo. Y es que el problema europeo es moral e intelectual.

Europa es cada vez más relativista. Los europeos piensan cada vez más que nada es verdadero; que si lo es, no lo podemos conocer; y que si lo podemos conocer, no podemos comunicarlo, por resultar intolerante. Cada vez más los europeos reducen su discurso político y moral a sentimientos, emociones o figuras poéticas. Un paseo por los discursos de Zapatero puede mostrar cómo es en España donde se sitúa la vanguardia de este relativismo intelectual y moral.

La primera consecuencia de ello es que el europeo es cada vez más subjetivista; la verdad pasa a ser algo meramente subjetivo. Y en relación a la moral y la política, el bien depende también de cada cual. El discurso en nombre de la tolerancia y el respeto no hace sino alimentar este nihilismo cultural; para ser tolerante no hay que pensar ni creer en la verdad, sino pensar y creer en “mi” verdad.

Pero esta forma de pensar es contraria al espíritu europeo, y en última instancia negadora del pluralismo político. Éste necesita de conciencias libres, con principios y valores fuertes, que se pongan en discusión en la vida pública. No es cierto que cada cual deba dejar sus principios morales en casa; precisamente deben abrirlos a los demás con libertad y respeto. Esta combinación de respeto a la verdad y libertad para buscarla es el fundamento último de la cultura y la democracia europeas.

La primera consecuencia de este relativismo la estamos viviendo ya: puesto que los europeos no creen que su cultura merezca ser defendida, tienden a ceder ante cualquier extremista con fuerza suficiente para forzarla. El islamismo tiene cada vez más fuerza ideológica en Europa y el parlamentarismo, el pluralismo político y la democracia son cada vez más débiles. Este choque entre una creencia sólida y una falta de creencias sólo puede tener un resultado: sin creer en nada, sin tomarse en serio el futuro de sus hijos, los europeos están dejando cada vez más el continente en manos de una sharia futura. De seguir así las cosas, Europa acabará siendo Europeistán.

En segundo lugar, si la verdad y el bien se limitan ya a lo que cada uno de nosotros piense de ellos, entonces la razón política y el discurso intelectual acabarán por reducirse a razón instrumental; cortoplacista, manipuladora, propagandística. Hoy el deterioro de la calidad democrática en Europa es ya un hecho derivado de este relativismo. En nombre de la tolerancia, la democracia y la paz, este relativismo irá sofocando toda disidencia moral o política en la conciencia humana. El embrión lo vemos ya: en la España de Zapatero, cualquiera que tenga opiniones distintas a la de la mayoría social o parlamentaria, es acusado de intolerante, de fascista o de reaccionario, aunque las opiniones sean escrupulosamente respetuosas con la mejor tradición parlamentaria y democrática europea. Europa va camino de convertirse en un “Gran Hermano” dominado por una divinización de lo público-estatal.

Si los europeos creen que vaciando a sus hijos de cualquier creencia los harán libres, estarán facilitando que cualquiera de estas dos ideologías, la estatal-totalitaria o la islámico-totalitaria, ocupen el vacío. El problema europeo que conviene afrontar cuanto antes es cómo defender la herencia de la filosofía griega, del pensamiento jurídico romano, de la moral judeocristiana. Porque lo que está en juego es la alternativa entre libertad y servidumbre.


Vencer el miedo

marzo 31, 2008

Adel al-Hasan, Ali Nasser Ghalij, Mahdi Hussein el-Mayahi no aparecen en los reportajes de El País y El Mundo, ni sus viudas lloran su muerte ante las cámaras de Tele 5, Cuatro o La Sexta exigiendo venganza y clamando contra Bush y los Estados Unidos. O quizá sea precisamente por esto último; la izquierda europea se muestra selectiva no sólo ante los verdugos, sino también ante las víctimas. Las lágrimas y la tragedia humana quedan para las madres que mandan a sus hijos como suicidas a volar cafés a Tel Aviv; para quienes tratan de impedírselo queda el olvido.

Los tres eran iraquíes, los tres eran policías, y los tres murieron en la jornada electoral de enero de 2005. Ese día el progresismo pacifista occidental cruzaba los dedos buscando un fracaso electoral que achacar a Bush, Aznar y Blair. ¡Cómo recordamos a sesudos analistas, valientes e independientes tertulianos, influyentes periodistas alertando de unas elecciones demasiado dependientes de los americanos! Mientras aquí hablaban de paz, en Irak hablaban de libertad. Adel, el primero de los olvidados por la izquierda, manifestaba: “Basta de desorden y caos. Nosotros los iraquíes queremos una vida mejor. A pesar de todo las elecciones deben celebrarse y más contra los terroristas. Estoy dispuesto para aceptar cualquier cosa que Dios me haya destinado”, cita nuestro autor en la pág.16. Dicho y hecho; se lanzó sobre un terrorista que se acercaba con una bomba a la cola para votar, lo alejó a empujones y murió en la explosión.

Desde 2003, miles de iraquíes han muerto por oponerse a los designios criminales alquaedistas, ante el desprecio intelectual y moral de la izquierda europea, que en cada muerte veía la ocasión de reivindicar la “paz”. Y mientras la masacre islamista en Irak continuaba, en Europa se intensificaba la persecución de quienes denunciaban los crímenes y la ideología yihadista. Hoy, el año 2008 es el año en el que más personas en Europa llevan escolta por criticar intelectualmente al islamismo, abandonar sus prácticas o simplemente convertirse al cristianismo.

Uno de los más conocidos es Magdi Allam, periodista de Il Manifesto y La Repubblica, y ahora vicedirector de Il Corriere della Sera, convertido públicamente al cristianismo hace escasas fechas, y que ahora visita España. El libro “vencer el miedo” no tiene grandes pretensiones intelectuales; más bien es un libro de testimonio. Pero de él se desprende una mirada sobre la historia reciente de Europa, su personalidad, sus riesgos y sus amenazas.

Estratégicamente, Allam denuncia cómo la despreocupación europea esconde el hecho de que en Europa, y en Italia operan células yihadistas en estrecho contacto operativo con los terroristas en Irak o Palestina; los secuestros de periodistas italianos, el análisis de las imágenes y vídeos mostrarían como “hay un doble “gabinete de dirección” detrás del terrorismo que golpea a los italianos en Irak, desde el momento en que es totalmente evidente la capacidad de interferir y condicionar la realidad interna italiana” (p.73). Personas situadas en el corazón de Europa e integradas en una maquinaria cada vez más perfecta de matar europeos.

El doble frente del yihadismo, en Europa y en Asia o África, sitúa parte de la batalla en el seno de las propias sociedades liberal-democráticas europeas. A éstas vino a parar Allam desde Egipto, y desde éstas traza en el libro su propia biografía personal e intelectual. Este libro es ante todo un testimonio vital que muestra el drama al que se enfrenta Europa a través del drama al que se enfrenta el propio autor, perseguido tanto en su país de origen como en el de destino, incluso más en éste. Son las opiniones de un musulmán moderado, convertido después al cristianismo, perseguido y amenazado de muerte en el corazón de la Europa cristiana, Roma.

Remontándose a su infancia en las calles de El Cairo, Allam dibuja un Islam de corte liberal: cines, teatros, discotecas en un Egipto abierto a la modernidad, demasiado diferente de la cada vez más fanatizada sociedad egipcia: “Hace sólo cuarenta años la situación era radicalmente diferente. El Islam era de esos contextos internacionales en cuyo interior se manifestaban e interactuaban las mismas lógicas y contradicciones presentes en el resto del mundo” (p.26). Una sociedad viva, donde el Islam no agotaba el sentir y el pensar de sus habitantes. ¿Real? Sí para Allam, al menos.

Las cosas cambiarían después, con la llegada de al-Sadat, cuando se iniciaría una progresiva islamización de Egipto, paralela a la de otros países árabes. Desde este punto de vista defendido por nuestro autor, parece romperse la teoría de la incompatibilidad entre islamismo y modernidad; su obra es un intento constante por salvaguardar un Islam de otro, una sociedad islámica viva e inquieta de una sociedad islámica totalitaria y despótica.

Este Islam es el que hoy triunfa de un lado a otro del mundo árabe. La amenaza de una umma totalitaria, en manos de fanáticos criminales, desde Marruecos a Indonesia, es real. Y la amenaza de futuras hecatombes terroristas en París, Roma, Los Ángeles o Berlín es tan cierta como las perpetradas en Manhattan, Madrid o Londres. Esta guerra total contra occidente incluye el factor cultural, ideológico, psicológico. La extensión del odio por el mundo, del desencuentro cultural, es un arma en manos de los de Ben Laden tanto como los terroristas suicidas o las mochilas bomba. Genuinamente islámica o no, es una religión del odio.

La consecuencia hoy es que “el miedo al Islam y a los musulmanes es el sentimiento más difundido en el seno de la humanidad. De modo diverso, por razones diversas, en niveles diversos, el miedo al Islam y a los musulmanes es universal” (p.23). Sentimiento que Allam considera hasta cierto punto justificado; cómo no considerarlo así en la era del horror de los vagones retorcidos en Atocha o de los miles de volatilizados en el World Trade Center.

Pero más allá de eso, Allam muestra la nostalgia de un Islam -real o imaginado- perdido. Al Islam de Hezbolah, Hamas o Ben Laden, Magdi Allam opone el Islam de los cafés egipcios, la mezcla religiosa, los pubs de moda de mediados de siglo. Islam perdido, pero no tanto: al yihadismo se le oponen también los ocho millones de iraquíes que desafiaron las amenazas yihadistas y la indiferencia progresista occidental en 2005, que acudieron jugándose la vida a depositar su voto en las urnas. Iraquíes musulmanes, pero no sólo musulmanes. Y este no sólo constituye precisamente la reivindicación de Allam en todo el libro; la religión constituye una faceta del ser humano, tan importante como se desee, pero no la única faceta del hombre.

“Cuando se relativiza el valor de la vida, la cultura de la muerte termina inerrablemente por triunfar” (p.25). De la misma manera lo expresó Benedicto XVI en su discurso de Ratisbona, que indignó tanto a yihadismo como a progresismo: toda religión que olvide el carácter sagrado de la vida humana, no es una religión, sino una aberración monstruosa. Si el Islam lo es o no, constituye motivo de discusión; lo que es incuestionable es el hecho de que el islamismo sí lo es, y de que el Islam moderado se muestra incapaz de proporcionar una alternativa cultural y estratégica.

Porque a los ojos de Allam, el Islam que se presenta como moderado, de hecho no lo es. Su carta a Tariq Ramadan (p.204) es clarificadora; éste guarda su crítica, su indignación y su queja para Europa, Estados Unidos, Israel. Y reserva sus disculpas y su comprensión para los criminales en Palestina, Iraq, Indonesia. Agasajado por la progresía europea, Ramadan participa de la ideología de criminalización y culpabilización de occidente. Constituye ejemplo viviente de la extraña alianza moral entre izquierdismo e islamismo.

Además de la crítica implacable de un musulmán (Allam) a otro (Ramadan), el autor dirige otra carta a la fallecida Oriana Fallaci. Para Allam, Fallaci comete idéntico error al cometido por el islamismo; reducir la religión islámica a guerra, violencia, yihad: “tanto tú como tus enemigos partís de una ideología cubierta por el manto de la religión y no por la vivencia de la persona” (p. 198). El autor busca afinar su propia postura; se equivocan quienes ven en el Islam una religión totalitaria y belicista, tanto para practicarla salvajemente como para denunciarla.

En el libro, Allam es claro al denunciar el hecho de que el islamismo representa una amenaza para el propio mundo islámico, millones de personas que, más o menos herederos de la cultura islámica, no la reducen a la orgía monstruosa actual. A la luz de esta idea, no demasiado desarrollada en el libro pero sí constante en él, no extraña en absoluto su reciente conversión al cristianismo; esta unidad esencial entre dignidad de la vida humana y religión es la reivindicada por Benedicto XVI en Ratisbona, y la combatida tanto por progresistas como por yihadistas. Es decir, entre quienes han criticado a Magdi Allam por su conversión y quienes lo han amenazado.


Otro punto de vista sobre el polémico vídeo anti islamista que emite Wilders en Holanda

marzo 30, 2008



En noticia aparecida estos días el controvertido parlamentario antimusulmán holandés Geert Wilders difundió en Internet un cortometraje crítico con el Corán, que antes de su difusión ya había desatado la polémica.

El filme, titulado Fitna (caos o enfrentamiento en árabe) y que puede verse en la web liveleak.com, se abre con la advertencia de que las imágenes que pueden herir la sensibilidad del espectador y muestra escenas de los atentados islamistas en Washington y Nueva York (2001), en Madrid (2004) y en Londres (2005).

La obra recrea imágenes de las víctimas de esos atentados, intercaladas con versículos del Corán, el libro sagrado del islam que, en opinión de Wilders, incita a la violencia.

Pero mis preguntas son las siguientes:

¿Por qué los occidentales nos proponemos incitar a las iras de los islamistas radicales con publicaciones y declaraciones como estas? ¿Es que acaso no sabemos que si te metes en una jaula con un tigre, es seguro que vas a salir muy mal parado?

Y hablo en general, pues no todo el mundo está en contra del Islam, ni todos los islamistas son tan agresivos como los radicales. Sí,debemos tener en cuenta que es un elemento peligroso en el mundo- me refiero a estos extremistas –, que no son enemigo pequeño, y que ya ellos, por sí solos, “armarán la guerra”- es previsible, y no hace falta ser profeta, que seguirán con la estrategia terrorista y no olvidemos que somos el diablo para ellos, un diablo que hay que exterminar-.

Hay quien propugna que los occidentales debemos atacar primero, “ o pisas o te pisan”, y como consecuencia nosotros debemos dar el primer golpe. Pero lo cierto es que las guerras, al menos algunas de ellas, se ganan con la astucia. ¿ Por qué dar pie al enfrentamiento directo?

No se trata de cruzarse de brazos, y esperar a que venga el toro. Pero si deberíamos plantearnos otro tipo de estrategias- en este momento no sé cuáles-, pero que sin duda habrá. ¿Tú qué opinas al respecto? Me gustaría saberlo e invito a la réplica. Gracias.