El Vaticano y la Iglesia italiana, en pie de guerra por la retirada de los crucifijos de los colegios

noviembre 5, 2009

crucifijo  

La catolicísima Italia ha visto con estupor cómo Europa acaba a tijeretazos con la superposición entre los espacios propios del Estado y de la religión. El crucifijo que pende de las paredes de las aulas en la mayoría de escuelas públicas del país podría tener los días contados. Esta evolución hacia el laicismo visible no viene por la interpretación que la Justicia italiana hace de las leyes, sino por la sentencia de un ente supranacional con capacidad para imponer a los Estados europeos sus decisiones, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. Esta corte dio ayer la razón a Soile Lautsi, una ciudadana italiana pero nacida en Finlandia que llevaba siete años peleándose con todas las instancias judiciales de la nación para conseguir que se retiren los crucifijos del colegio de sus hijos. Con disciplina nórdica y testarudez mediterránea, esta mujer no ha cejado en su empeño por defender la laicidad del Estado pese a las continuas negativas cosechadas en territorio italiano. Por ello decidió recurrir al tribunal de Estrasburgo, la institución que defiende el cumplimiento del Convenio Europeo de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales. Éste respaldó su posición con una sentencia que puede sentar un precedente en Europa: el crucifijo en las escuelas es contrario al derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones y atenta contra la libertad religiosa de los niños. En el Vaticano y en la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) la decisión de la corte continental de derechos humanos fue interpretada como un ataque directo a su histórica influencia sobre la sociedad del país. “La sentencia ha sido acogida con estupor y amargura”, dijo el portavoz de la Santa Sede, el jesuita Federico Lombardi. “Nos disgusta que el crucifijo sea considerado un signo de división, exclusión o limitación de la libertad. Es erróneo y miope querer excluirlo de la realidad educativa”. La CEI optó por cargar contra las motivaciones del fallo. “Existe una visión parcial e ideológica. Resulta ignorado el múltiple significado del crucifijo, que no es sólo un símbolo religioso sino también un signo cultural”. Críticas del Gobierno y la oposición La decisión del Tribunal de Estrasburgo, sin embargo, no deja dudas: la cruz tiene un indeleble significado cristiano y, por tanto, viola la laicidad de las escuelas. “La presencia del crucifijo, que es imposible no ver en las clases, puede ser fácilmente interpretada por los alumnos de todas las edades como un símbolo religioso”, se lee en la sentencia. De esta forma, los estudiantes pueden sentir que se encuentran en un “ambiente educativo marcado por el sello de una determinada religión”. El crucifijo tiene un doble efecto: “puede alentar a los alumnos religiosos” pero puede también molestar “a los ateos o a quienes profesan otra fe”. En una nueva muestra del gran peso que tiene la Iglesia en todos los sectores de la sociedad italiana, la sentencia fue acogida con críticas tanto del Gobierno como de la oposición. Mientras que la ministra de Cultura, Mariastella Gelmini, subrayaba que la cruz es un “símbolo de nuestra tradición”, el nuevo líder del Partido Democrático, el ex comunista Pierluigi Bersani, afirmaba que el crucifijo “no puede ser ofensivo para nadie”. Bien para evitar la retirada de los crucifijos de los colegios o bien para ahorrarse los 5.000 euros de resarcimiento por daños a Soile Lautsi que exige la sentencia, Italia recurrirá la decisión del tribunal de Estrasburgo. Si no logra que su apelo salga adelante, tiene tres meses para hacer desaparecer las cruces de todas las aulas escolares del país.

(FUENTE:Darío Menor)
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El Vaticano apoya a los obispos y el PSOE amenaza con recortar el dinero a la Iglesia

febrero 5, 2008

Lejos de amainar, la trifulca entre el Gobierno y la Iglesia católica amenaza con enconarse. Ayer, el Vaticano y el Ejecutivo mantuvieron las espadas en alto. La Santa Sede dio «acuse de recibo» de las quejas socialistas apoyando las recomendaciones electorales de la Conferencia Episcopal Española (CEE) horas después de que el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, avisara que, tras las elecciones generales del 9 de marzo, «nada será igual» en las relaciones.
Fuentes de la Santa Sede consultadas por Europa Press recordaron, frente a las protestas del Ejecutivo español transmitidas el sábado por el embajador Francisco Vázquez, que las orientaciones de voto de la CEE entran dentro de las «competencias» y «autonomía» de los obispos españoles. Las mismas fuentes resaltaron que el encuentro del sábado entre Vázquez y el sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano, Fernando Filoni, en el que Vázquez comunicó la «perplejidad y sorpresa» del Gobierno Zapatero por el párrafo de la nota episcopal que rechaza la negociación con ETA, transcurrió de modo «sereno». Por último, resaltaron la «normalidad» del encuentro y destacaron que el contenido de la misma fue verbal y no se emitió ningún comunicado o nota sobre su contenido. El clima en que se desarrolló fue «sereno» y «constructivo», insistieron.
Menos privilegios
Ayer, el secretario de Organización socialista, José Blanco, demostró que la interpretación que el Gobierno español hace de la secuencia de acontecimientos es mucho menos benevolente. Blanco aclaró que el Gobierno no va a denunciar los acuerdos Estado español-Santa Sede de 1979, pero sí advirtió que la Iglesia católica deberá dar «pasos definitivos» hacia su autofinanciación en los próximos ejercicios fiscales.
Fuentes gubernamentales consultadas por este periódico aseguran que, entre las medidas que puede adoptar el Ejecutivo no sólo está un recorte de dinero, también la eliminación de «privilegios» que sigue manteniendo la jerarquía católica, como la celebración de los funerales de Estado, cuando hay víctimas del terrorismo, por ejemplo, y otros como la presencia dominante de la fe católica en ámbitos como el Ejército (con arzobispo castrense incluido).
Los acuerdos Iglesia-Estado
De momento, ayer el «número dos» socialista, durante una comparecencia en la sede del PSOE para presentar los carteles electorales, se limitó a amenazar con recortes en la financiación que recibe la Iglesia vía IRPF. «Hay una situación concreta que es el acuerdo entre la Iglesia y el Estado que debe replantearse porque la jerarquía eclesiástica la está replanteando todos los días buscando la confrontación con el Gobierno legítimo de España», insistió.
Blanco dejó entrever que el Ejecutivo socialista se siente mal correspondido por la Conferencia Episcopal tras unos acuerdos de financiación que considera modélicos y muy ventajosos para la Iglesia católica. Ahora, hizo hincapié José Blanco, «es hora de pasar de las palabras a los hechos», dado que «la jerarquía eclesiástica viene diciendo desde hace mucho tiempo que hay que caminar hacia la autofinanciación». No obstante, opinó, la Iglesia «cada vez tiene mas difícil» ese objetivo de autofinanciarse «porque cada vez tienen menos seguidores». «Deberán preguntarse por qué», apostilló en una clara alusión a la polémica con el Ejecutivo presidido por Zapatero.
Blanco no fue el único socialista en hablar. Joaquín Leguina vaticinó en su «blog» que Mariano Rajoy no ganará el 9 de marzo porque le apoyan los obispos, en su opinión «una cuadrilla de necios».
El Gobierno volvió a salir en tromba, repartiendo sus críticas entre los obispos y el PP. El ministro de Defensa, José Antonio Alonso, se confesó «alucinado» por el documento de la Conferencia Episcopal. «A los obispos hay que decirles alto y claro que son los ciudadanos quienes deciden quién está en el poder político, y nadie más», señaló Alonso. También el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, entró en la polémica y afirmó que Rajoy «trata de ocultar» su «coalición electoral» con los obispos. Hasta la ministra de Vivienda, Carme Chacón, se lanzó contra la Iglesia.
Por parte del PP también hubo reacciones. La candidata por Barcelona, Dolors Nadal, tildó de «antidemocrática» la actitud del PSOE al «atacar en tromba» a la Iglesia. Nadal afirmó que es «sorprendente» la «falta de convencimiento», de «valores» y de «principios democráticos» de José Luis Rodríguez Zapatero, quien -añadió- no admite la «discrepancia» a sus políticas.
PP: «Zapatero excomulga»
El diputado del Partido Popular Vicente Martínez-Pujalte acusó al PSOE de mandar «a la hoguera» a los miembros de la Conferencia Episcopal por discrepar públicamente de sus políticas y expresar su preferencia por otros partidos políticos. En declaraciones a Servimedia, Martínez-Pujalte aseguró que las críticas del Gobierno y del PSOE a los obispos y las «amenazas» de José Blanco de revisar los acuerdos Iglesia- Estado ponen de manifiesto que el partido de Zapatero «a quien no piensa como él lo excomulga y lo insulta». «Parece que quiere pensamiento único y a todo el que no piensa como él, a la hoguera, llámense católicos, llámense víctimas del terrorismo, llámense personas que defienden el todos contra el canon. A todo el que no piensa como él se le insulta, incluso a los afectados de Fórum y Afinsa», dijo. «Si no les ríes las gracias a Rodríguez Zapatero, te lanzan todas las plagas». Lo mismo dijo el «número uno» por Toledo, Arturo García Tizón, para quien «no se trata de que cada uno se haga a su medida una Iglesia determinada».

Las relaciones de España con el Vaticano, en su peor momento

enero 14, 2008

Los españoles perciben que las cosas no andan bien entre el Gobierno de la Nación y la Santa Sede. Se trata de una percepción, reflejada en una encuesta sobre la Política Exterior Española del Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior (Incipe), que muestra un cambio radical de las relaciones entre ambas instituciones desde que José Luis Rodríguez Zapatero llegó al poder en 2004. La percepción de los ciudadanos ha cambiado de color y ahora es claramente negativa. Los que en 2006 creían que las relaciones con el Vaticano habían empeorado superaban en 22 puntos a los que pensaban que la situación estaba mejor.
En la progresión de los datos se observa que en los primeros años de la década de 1990 había una estabilidad en la percepción de los ciudadanos. Las relaciones con el Vaticano se mantenían más o menos sin cambios. Fue a partir de la llegada del PP al Gobierno cuando la situación fue más favorable: en 1997, la percepción positiva superaba en 18 puntos a la negativa. Cinco años después, en el segundo gobierno de Aznar, el dato positivo seguía dominando: los que creían que las relaciones habían mejorado superaban en 10 puntos a los pesimistas

Zapatero ironiza con los cardenales por «sus críticas en la entrañable Navidad»

enero 10, 2008

El jefe del Gobierno trazó ayer una clara línea divisoria entre lo que representa el Vaticano y la Iglesia española y las relaciones que mantiene su Gabinete con sus respectivos representantes. Después de dos horas de manejar estadísticas económicas durante su intervención en un desayuno organizado por Nueva Economía Fórum, se pronunció sobre el último enfrentamiento de su Ejecutivo con la Iglesia española. En tono relajado y antes de contraatacar, desde la tribuna de oradores saludó cordialmente y con un expresivo gesto con la mano al nuncio del Vaticano en España, Manuel Monteiro, a quien, por otra parte, ya había tenido la oportunidad de cumplimentar el día anterior en el acto de homenaje a los agentes caídos en acto de servicio.

Zapatero no reparó en halagos hacia Monteiro, a quien definió como «un buen nuncio y una buena persona». Con mano izquierda, recordó la invitación a comer que Monteiro le realizó tiempo atrás. «Nunca he acudido. Por cierto que desde aquí le digo que aceptó ese caldo». Así y en medio de la polémica con la jeraquía eclesiástica española, el presidente cerró en público una cita para «tomar un caldito» con el nuncio.
Después de deshacer en alabanzas y de dejar meridianamente claro las excelentes relaciones que le unen al Gobierno y, concretamente, a su persona con Monteiro y, por ende, con la institución a la que representa, entró a rebatir las acusaciones que apuntan a su Ejecutivo como el primero en lanzar «la piedra» contra la Iglesia española. En tono irónico, describió como a mitad de la «entrañable Navidad, entre la Natividad y la Epifanía», cuando «todos estábamos felices», dos cardenales acusaron al Gobierno de «acabar con los derechos humanos y de disolver la democracia». Este ataque «no es asumible por irreal y porque no es verdad que este Ejecutivo disuelva la democracia», avisó.
Con cierta benevolencia, dijo comprender y respetar que los cardenales estén en contra del divorcio exprés, que ampara legalmente, a su juicio, lo que ya era una práctica en España. «Pero la realidad es que tampoco descienden las nulidades matrimoniales», apuntó a la línea de flotación de la Iglesia.
Pese a sus dardos, a lo largo de su reflexión expresó en diversas ocasiones su absoluto respeto por la posición de la Iglesia. Eso sí, advirtió de que «no tienen ningún amparo para impedir que otras personas con otras creencias ejerzan sus derechos. Es el ADN de la democracia y de la libertad», alertó. Es más, la libertad religiosa, «pilar de la democracia», tiene mayores garantías cuando «todas las libertades están garantizadas».
El jefe del Ejecutivo reiteró el carácter aconfesional que «sabiamente» establece la Constitución para el Estado español, con la salvedad de un trato singular con la Santa Sede. Llegado a este punto, prefirió curarse en salud. Y volvió a garantizar la continuidad de los acuerdos entre el Estado español y el Vaticano. Ahora bien, «no nos vamos a callar» ante los ataques de «algunos cardenales», en alusión a monseñor Antonio María Rouco y al arzobispo de Valencia, Agustín García Gasco.
Tras aclarar la polémica, el presidente volvió al tono distentido al que recurrió en todo momento para referirse al nuncio. Con una amplia sonrisa, defendió la autonomía y la independencia de la Iglesia del poder ejecutivo. «No me atrevería a decir qué tiene que hacer la Iglesia para mejorar sus objetivos». Pues lo mismo demandó de la jerarquía eclesiástica española, que no se entrometa en la labor del Gobierno. «Cada uno en su casa y…», concluyó el presidente del Ejecutivo.

Gobierno y PSOE elevan el blanco de sus ataques y se permiten ahora abroncar al Papa

enero 9, 2008

El Gobierno y el Partido Socialista parecen decididos a llevar hasta extremos desconocidos su enfrentamiento con la Iglesia. Ayer, el PSOE desplegó toda su artillería y echó mano de ministros, ex ministros, responsables del partido y hasta del ex presidente Felipe González para emprenderla contra el Episcopado en un tono aún más ofensivo que en la víspera, y llegando incluso a criticar abiertamente al propio Benedicto XVI, quien la jornada anterior, durante su discurso ante el cuerpo diplomático, había condenado «los ataques preocupantes contra la integridad de la familia, fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer».
A dos meses de las elecciones generales, los socialistas ensanchan su frente de conflicto con la Iglesia católica, en lo que desde determinados medios políticos se intuye como un claro intento de movilizar electoralmente a su favor a esa parte del electorado más anticlerical que no suele votar.
La primera andanada provino del secretario de organización del PSOE, José Blanco, quien volvió a reivindicar su faceta como cristiano para arremeter contra el Santo Padre. «Yo, que soy cristiano -afirmó en declaraciones a Antena 3-, quisiera que el Papa me explicara qué es eso de la familia tradicional; igual entiende por familia tradicional que la mujer se quede en casa y con la pata quebrada».
Estrategia de dos bandos
Olvidando quizás que se estaba refiriendo no sólo al máximo responsable de la Iglesia católica, sino a un jefe de Estado, el «número dos» del PSOE continuó sus ataques a Su Santidad el Papa, preguntándose si Benedicto XVI «está en contra de la igualdad del hombre y la mujer en relación con el mundo del trabajo». Del mismo modo, Blanco continuó con la estrategia, marcada definitivamente por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, durante la Pascua Militar, acerca de la existencia de dos bandos en la jerarquía eclesiástica. Así, Blanco aseguró que a «algunos miembros» del Episcopado español «no les vendría mal evolucionar de la misma forma en que lo ha hecho la sociedad española y mundial».
«Espero que algunos miembros de la Conferencia Episcopal -prosiguió el secretario de Organización del PSOE- entiendan que no se pueden alimentar desigualdades e injusticias por la mañana, y resolverlas rezando el rosario por la tarde». Verdaderamente lanzado en las críticas y metido a exégeta de los textos bíblicos, Blanco animó a cierto sector del Episcopado a «releer» el Evangelio, «porque si lo leyeran no harían las declaraciones que están haciendo».
Las críticas vertidas desde el PSOE también se pudieron escuchar desde destacados miembros del Gobierno, que también aconsejaron la atenta lectura de los Evangelios con el objeto de, a su juicio, poner en evidencia a los obispos. Así, el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales y responsable de la redacción del programa electoral del Partido Socialista para las próximas generales, Jesús Caldera, aseguró no encontrar «ni en el Antiguo, ni en el Nuevo Testamento, ningún pasaje en el que se niegue a un ser humano la expresión de su afectividad hacia otro», independientemente de su condición sexual.
La «conexión» con el PP
En declaraciones a la cadena Ser, Caldera reivindicó la labor del Ejecutivo a la hora de «defender los espacios de libertades y de convivencia entre los españoles», y acusó a «una parte de la jerarquía española» de «separarse del componente mayoritario de la sociedad», y de adoptar «posiciones reaccionarias en conexión con el Partido Popular».
Siguiendo esta tesis, Caldera recalcó que el posicionamiento en contra de las políticas familiares del Gobierno socialista efectuado por los cientos de miles de asistentes a la concentración del pasado 30 de diciembre en Colón, «tiene que ver con una parte de la jerarquía, pero con con toda la comunidad cristiana». En su opinión, se trata de «una posición minoritaria y reaccionaria».
Sin embargo, lo cierto es que la Biblia recoge (como el lector podrá comprobar en la ficha adjunta) al menos una docena de citas en las que se condena expresamente no la homosexualidad en sí, sino la práctica homosexual, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Por su parte, el ex ministro de Defensa, José Bono, reclamó a «algunos obispos» que, en lugar de conducir a la gente «a la calle, la lleve a las iglesias y los seminarios». En declaraciones a Radio Nacional, el que fuera presidente de Castilla-La Mancha defendió el derecho de expresión de los obispos, aunque matizó que «no pueden pedir que haya que hacerles caso por el mero hecho de llevar una birreta o una sotana».
«Siendo cristiano no estoy dispuesto a condenar a dos personas del mismo sexo que se quieran a que no puedan vivir juntas, ni a que dos personas que no se quieren tengan que vivir juntas para mantener la indisolubilidad del matrimonio», añadió Bono, quien reconoció que «tengo fe y tengo ideas, y a veces me cuesta hacerlas compatibles, porque en un sitio no gusto por ser de los otros, y a los otros no les gusto por ser de los unos. Pero no pienso dejar ni mis ideas ni mis creencias».
«Consultas» al embajador
Lo cierto es que, amén de las posibles reacciones en el seno de la Iglesia (el Comité Ejecutivo del Episcopado se reúne este jueves, como anunció este periódico, y podría hacer pública una respuesta mesurada a los ataques del PSOE y el Gobierno), lo cierto es que la última andanada laicista de los socialistas están encontrando críticas a ambos lados del arco parlamentario. Incluso entre sus aliados.

El Papa sale en defensa de la Iglesia española frente a los ataques de Zapatero

enero 8, 2008

En su discurso a los 180 embajadores acreditados ante la Santa Sede, que forman un foro diplomático verdaderamente mundial, Benedicto XVI condenó ayer «los ataques preocupantes contra la integridad de la familia, fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer». El Papa no mencionó por su nombre a ningún país, pero no era necesario, pues el ataque legislativo más grave contra el matrimonio ha tenido lugar en España, y tanto la prensa italiana como la internacional han informado en los últimos diez días sobre el notorio éxito del encuentro de las familias en Madrid y la polémica desatada por el Gobierno.
El Santo Padre reforzó este mensaje en defensa de la familia sólo un día después de que el presidente Zapatero cargara contra los cardenales Rouco Varela y García-Gasco por sus declaraciones en el día de las familias. Zapatero elogió a monseñor Ricardo Blázquez, intentando así meter una cuña en la Iglesia española. Las palabras del Papa de ayer en el Vaticano cobran así una relevancia definitiva y se sitúan en el epicentro de la precampaña.
Tercer aviso
El serio aviso de ayer es el tercero que Benedicto XVI lanza en diez días en foros que no se limitan a España, sino que plantean el caso español en un foro internacional. El pasado 30 de noviembre, el Papa escogió el rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro para dirigir su mensaje al encuentro de las familias en Madrid. En esa cita dominical, que se retransmite a todo el mundo, recordó que la familia «se funda en la unión indisoluble entre un hombre y una mujer». Junto con esa referencia al fundamento de la familia, el Papa insistió en que «los padres tienen el derecho y la obligación fundamental de educar a sus hijos en la fe y en los valores que dignifican la existencia humana».
En su mensaje de primero de año, Benedicto XVI fue mucho más explícito sobre la gravedad del problema advirtiendo que «quien debilita a la familia pone en peligro la paz», no sólo la paz hogareña y la paz ciudadana, sino también la paz internacional.
En su análisis sobre la situación del mundo, el Papa constató que el clima de amor o de odio, de serenidad o de violencia, se aprende en el hogar. Según el Santo Padre, «la familia es la principal «agencia de paz», y la negación o incluso la mera restricción de los derechos de la familia, oscureciendo la verdad sobre la persona humana, amenaza los fundamentos de la paz».
Ante los embajadores
En ese cuadro de preocupación por el futuro del mundo y por el futuro de sociedades potencialmente conflictivas como es la española no es de extrañar que Benedicto XVI volviese ayer a mencionar el tema en su discurso a los 180 embajadores ante la Santa Sede, que representan a 176 países con relaciones diplomáticas plenas y cuatro entidades particulares: la UE, la OLP, la Orden de Malta y la Federación Rusa.
Entre los embajadores se nota con toda claridad la firme decisión de Benedicto XVI de no cejar en la defensa del matrimonio heterosexual como base de la familia y, por lo tanto, de la sociedad hasta que las aguas legislativas vuelvan a su cauce en los poquísimos países en que se han salido. El reciente éxito en la campaña contra la pena de muerte se une a otras batallas ganadas, como la abolición de la esclavitud en el pasado, o a otras actuales en las que se gana terreno, como es la defensa de la vida humana en sus comienzos.
El discurso del Papa se produce en un momento en que han arreciado en España las críticas del Gobierno y del PSOE contra la Iglesia tras la Fiesta de la Familia del 30 de diciembre. La estrategia de los socialistas tiene un marcado sesgo electoralista, en busca de los votos más radicales, tratando de resucitar de manera artificial la «cuestión religiosa», cuando ese es un asunto que parece superado para la mayoría de los españoles.
Zapatero, en los corrillos durante la Pascua Militar, dió un paso más en la estrategia que inició José Blanco un día después del éxito de la fiesta de las familias (se permitió recomendar a los obispos que crearan un partido político y que leyeran mejor la Biblia) e intentó además introducir una cuña entre los supuestos sectores de la Iglesia, que tendrían, a su entender, posiciones diferentes acerca de la política del Ejecutivo sobre la familia. Así, mostrando una gran falta de conocimiento de lo que es una institución como la Iglesia Católica, trató de enfrentar la postura de los prelados más relevantes dentro de la Iglesia, como si se tratara de un partido.
Frente a lo que considera «sensatez» del presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, opuso las palabras de los cardenales Rouco Varela y García Gasco, que expresaron de manera más clara sus críticas a la política del Gobierno durante sus intervenciones en el encuentro de las familias. Zapatero olvida que ningún obispo de la Iglesia española podrá nunca aplaudir medidas como el divorcio exprés, el llamado «matrimonio» entre homosexuales o decisiones que supongan privar a los padres del derecho que tienen a que sus hijos sean educados conforme a sus valores.
Benedicto XVI no va a entrar en polémica con el Gobierno, pero se siente en la obligación de recordar cuál es la postura de la Iglesia sobre una institución como la familia y denunciar los ataques que se han producido contra ella en algunos países, como España.
Además, las palabras del Papa resultan especialmente significativas cuando desde sectores de la izquierda (el PSOE, terminales mediáticas y organizaciones y «lobbies» de todo pelaje) se evidencia un incremento de la presión para aislar a la Iglesia. Algunos grupos presionan a la cúpula socialista para que si el PSOE vuelve a gobernar revise su relación con la Iglesia y se permitan el aborto libre y la eutanasia.

«El PSOE debería pedir perdón por la persecución a la Iglesia durante la Guerra Civil»

diciembre 23, 2007

Entrevista a Francisco Vázquez / embajador español ante la Santa Sede

«Sectores de la izquierda quieren resucitar el anticlericalismo»

¿Cómo se explican al Vaticano decisiones del Gobierno español como el matrimonio entre homosexuales, el divorcio exprés o la asignatura de Educación para la Ciudadanía?

-Llegué a la Embajada en la mitad de la legislatura y ya se habían aprobado las leyes a las que hace referencia, que no fueron precisamente del agrado del Vaticano. La Santa Sede siempre ha tenido una idea muy clara en lo referente al concepto de familia, de matrimonio y a la defensa de estas dos instituciones, que están hoy muy seriamente amenazadas, no sólo en España, sino en todo el mundo. Cuando me hice cargo de la Embajada, mi primera labor fue recomponer el diálogo para poder conseguir acuerdos. La situación mejoró con el viaje de la vicepresidenta Fernández de la Vega con ocasión del Consistorio en que don Antonio Cañizares fue creado cardenal. Aquel momento marcó una nueva etapa en las relaciones entre el Gobierno español y el Vaticano que se plasmó en acuerdos importantes, algunos de los cuales no se habían logrado en los años anteriores de democracia. Me refiero al acuerdo de financiación o al estatuto para los profesores de religión. Hoy la situación es satisfactoria, aunque siempre mejorable.

-¿En qué aspectos se puede profundizar más la relación?

-Se puede mejorar en uno de los desafíos más importantes que sufren Europa y España, que es la inmigración. La Iglesia es una institución con una importantísima presencia en África y puede ayudar muchísimo a frenar la inmigración ilegal y a desarrollar programas de cooperación a través de sus instituciones. En Hispanoamérica también hay unas posibilidades muy grandes de colaboración, sobre todo por el apoyo que España puede prestar a muchas instituciones de la Iglesia. Me refiero a la Iglesia misionera, cuyos miembros son en muchas ocasiones de origen español. En Oriente Medio también se abre un campo de cooperación. Allí la Iglesia tiene una importancia fundamental. Es determinante contar con su opinión y apoyo en crisis como la de Líbano o en la acción social hacia el pueblo palestino. Ahí podemos avanzar mucho.

-¿Cómo sería esa cooperación para frenar la inmigración ilegal?

-La Iglesia tiene una labor en África encomiable, hasta el punto de que muchos gobiernos africanos encomiendan a instituciones religiosas la administración de centros de formación o de hospitales. Además, es una garantía contra la corrupción, que es una lacra que asola estos países. España está haciendo un esfuerzo en materia de cooperación internacional tremendo. Lo interesante sería que estos dos esfuerzos puedan coordinarse y compaginarse. Es un tema del que me ha hablado el ministro Moratinos: conseguir que a través de las instituciones de la Iglesia, sobre todo en el Golfo de Guinea que es de donde viene el mayor flujo de inmigrantes ilegales, se pudiera desarrollar la formación profesional de las personas que España requiriera como mano de obra. Además, de esta manera se frenaría la inmigración clandestina.

-¿Existe ya algún proyecto conjunto en este campo?

-Ya he hablado con altos responsables vaticanos sobre esta materia. Por parte de España hay una disposición plena para establecer unas bases más estrechas de colaboración. Desde el punto de vista estrictamente político, la Iglesia es una entidad universal. Está presente en todo el mundo, pero sobre todo su presencia se hace más acusada en aquellos lugares más abandonados a su suerte. La Iglesia puede ser un gran instrumento para canalizar los recursos que los países destinan a la cooperación internacional.

-¿Si las relaciones el Gobierno español-Vaticano son fluidas, la tensión existe sólo entre el Ejecutivo y la Iglesia española?

-Lo veo desde Roma con lejanía, lo que otorga cierta objetividad. Hay discrepancias como siempre las ha habido. Cuesta mucho en un país como España ajustar las fronteras de la separación Iglesia-Estado. La Iglesia tiene una tradición intervencionista muy acusada y hay gobiernos que caen en la tentación de resucitar el anticlericalismo decimonónico ya superado.

-¿Es el Ejecutivo actual uno de esos gobiernos a los que se refiere?

-No, aunque hay sectores en la izquierda que muchas veces tienen, equivocadamente, esa tentación. Ha habido disparidad de criterio con todos los gobiernos de la democracia. Con UCD por la ley del divorcio, con Felipe González la ley del aborto, con Aznar no se solventó la cuestión de la financiación y con el actual Gobierno lo más crítico ha sido el matrimonio de personas del mismo sexo. Las relaciones se han enrarecido además a veces por la innecesaria promulgación de nuevas leyes educativas. En España se necesita llegar a un consenso educativo, a una ley que sirva para que gobierne la izquierda y la derecha. Excepto en un caso, todos los ministros de Educación han llegado con una nueva ley debajo del brazo. Evidentemente, a un país le cuesta mucho resistir una reforma educativa por legislatura. Ahí siempre subyace el problema de la asignatura de la religión. A este respecto, la Iglesia tiene que entender que precisa un consenso y que es necesario respetar a una sociedad que es multirreligiosa y en la que además hay personas que no quieren recibir educación religiosa. La Iglesia puede hacer esto desde la tranquilidad que le da el saber que las raíces católicas de España son muy profundas. Cuando la enseñanza es voluntaria, se apunta el 70-80% de los alumnos voluntariamente. Las familias españolas saben que la fe católica es uno de los grandes pilares de nuestro concepto de nación. España es fruto de la fe y de la lengua, estos elementos nos han singularizado como nación. Ambos se han plasmado en la que quizás es la página más gloriosa de nuestra historia: la evangelización de Hispanoamérica.

-Parte de las tensiones entre el Gobierno y el Vaticano se han salvado con la diplomacia de mesa y mantel, como cuando Moratinos cenó con 10 cardenales tras la ceremonia de beatificación de 498 mártires de España.

-Soy muy partidario de esos encuentros. Creo en la diplomacia personal. El punto de inflexión en las relaciones bilaterales se logró también con la designación de un solo interlocutor del Gobierno para la Iglesia: la vicepresidenta. Gracias a esta comunicación fluida con una sola persona se ha resuelto una cuestión decisiva como la financiación de la Iglesia. Antes, ningún gobierno la había arreglado. Ahora, con una ley que determina la parte que le corresponde a la Iglesia en los ingresos del Estado en contraprestación a los servicios que presta al propio Estado nos hallamos con un horizonte despejado.

-¿La izquierda, incluido PSOE, debería pedir perdón por la persecución a la Iglesia desde 1934 hasta el final de la Guerra Civil?

-Sí, creo en la reconciliación. Pertenezco a una generación de políticos que nació en la reconciliación. La transición democrática no tiene más secretos que la generosidad y la renuncia. Todos fuimos generosos y todos renunciamos, fruto de ello nació una democracia por la que nadie daba dos duros en sus comienzos. La reconciliación es mutua y se deben asumir los errores que se cometieron sin olvidar las causas originales. La ceremonia de beatificación de los mártires ha ayudado mucho a esa idea de reconciliación. No se debe olvidar que en aquellos años la Iglesia sufrió la pérdida de 7.000 de sus miembros.

-¿Entonces el PSOE debería pedir claramente perdón?

-Todos debemos hacerlo, no sólo el PSOE, por lo que representaron aquellos años. Pero creo que hoy ese perdón se ha plasmado en la Constitución, que refleja la reconciliación de las dos Españas y la superación de todos los errores continuados que se llevaron a cabo durante los siglos XIX y XX y que abocaron a un clima de confrontación y enfrentamiento que desembocó en la Guerra Civil.

-¿Los sectores anticlericales del PSOE están de acuerdo con esa idea de perdón que, según dice, todos debemos pedir?

-El PSOE es un partido plural, en el que hay visiones distintas. Sin embargo, no creo que nadie pueda negar ni ignorar lo que significa la Iglesia. Desde mi propio partido hay que reforzar los criterios de igualdad, justicia y solidaridad que la izquierda comparte con la Iglesia. Las polémicas son propias del pasado. Hoy la Constitución separa claramente la Iglesia y el Estado, garantiza la libertad religiosa y que la Iglesia pueda desempeñar las labores que le son propias.

-¿Y la Iglesia, debería pedir perdón por su connivencia con el régimen franquista?

-No se trata de que estemos todos siempre confesándonos y perdonándonos. La Historia hay que verla con objetividad, asumiendo errores y reconociendo aciertos. La Iglesia ya llamó a la reconciliación con el mensaje de Pío XII después de la guerra, pero ese mensaje del Papa fue censurado en la España de los 40. Le puedo hablar de mi experiencia personal. Yo he conocido una Iglesia comprometida con la libertad, ferviente defensora de los derechos democráticos. Para mí, la Transición comenzó con el sermón en los Jerónimos por parte del cardenal Tarancón, el 27 de noviembre de 1975. Aquel sermón marcó el camino a seguir, el de una libertad de la que todos pudieran participar. Por lo tanto, el papel de la Iglesia no es tanto de connivencia con el franquismo. En los años 40, el brazo en el saludo fascista lo levantó todo el mundo. Hay fotos con obispos, con militares, con jueces y con periodistas.

-En los últimos meses se han producido dos eventos importantes para la Iglesia española: la beatificación de 498 mártires y el Consistorio Cardenalicio, en el que se han creado 3 nuevos cardenales españoles. ¿Cuál ha tenido mayor relevancia?

-El Consistorio ha sido de mayor importancia. España ocupa un puesto importante en la Iglesia universal. Hoy tenemos 10 cardenales, de los que 6 son electores. La beatificación, sin embargo, ha sido de mayor trascendencia.

-¿Por qué se asoció la beatificación con la ley de memoria histórica?

-Hubo claros intentos de politizar el evento y de que nos lanzáramos los muertos unos contra otros. Se consiguió, por parte del Vaticano, de la Iglesia española y del Gobierno que la ceremonia y todo lo que la rodeó se celebrara dentro de su contexto. Fue una gran aportación y tranquilizó mucho. Respecto a la ley de memoria histórica, hay que recordar que incluyó las reformas que la Iglesia solicitó. Es un ejemplo más del diálogo entre la Iglesia y el Gobierno. Esto quiere decir que el Gobierno no es claramente aconfesional. Se respeta el derecho de la Iglesia para emitir sus criterios sobre cuestiones morales como la familia, el derecho a la vida o el de los padres a educar a sus hijos en la fe católica.

-¿Qué significó cuando el cardenal Bertone le abrazó en la misa de acción de gracias por la beatificación de los mártires?

-Una profunda emoción, no lo puedo ocultar. Llegué a mi puesto en un momento difícil de las relaciones, pero ese reconocimiento público por parte del Vaticano, que es muy parco a la hora de expresar sus opiniones, me reconfortó muchísimo. Significó que el Vaticano valora lo que se ha conseguido en estos últimos tiempos. He de decir que a la Santa Sede también le preocupaba mucho la ceremonia de beatificación, no quería que se convirtiera en un asunto de confrontación política. Aquel gesto fue un gran espaldarazo, a los pocos días lo repitió concediendo una audiencia de más de 40 minutos a la vicepresidenta. En aquella reunión al Vaticano le quedó claro que no se iban a revisar los acuerdos con la Santa Sede.

-Pero, como desveló LA RAZÓN, su partido sí que planteó el cambio de estos acuerdos.

-Es cierto, se estudió en primer nivel, lo cual no quiere decir que luego se incorpore al programa. En el PSOE, éste es fruto de múltiples aportaciones, por lo tanto de muy diversos puntos de vista. Podía haber quien pensaba que esos acuerdos debían revisarse, pero partían de una apreciación errónea, ya que los acuerdos no son el Concordato y son posteriores a la aprobación de la Constitución. Por lo tanto, son perfectamente homologables a la actual democracia española. Yo, desde el principio dije que no se iban a revisar y así fue.
Darío Menor Torres